Reflexiones sobre educación

November 28, 2014

Si nos preguntáramos si nuestro conocimiento se asemeja más a un iPod o a un saxofón estaríamos sin duda ante una pregunta bastante rara, sin embargo, tiene sentido plantearla. Los iPod son bastante complejos por dentro, pero simples por fuera y fáciles de usar; los saxofones también son bastante complicados, pero extraer música de ellos es así mismo una tarea bastante compleja.

 

Basándonos en las reflexiones del Doctor Robert Swartz (filósofo y pedagogo, Director del Centro Nacional de Enseñanza en el Pensamiento NCTT), podemos preguntarnos si nuestro conocimiento es más como un iPod o como un saxofón. Para responder a esta pregunta hay que tener en cuenta el tipo del conocimiento al que nos estemos refiriendo, por ejemplo, los números de teléfono son similares al funcionamiento del iPod, encendemos nuestra memoria y ahí están. Sin embargo, la mayor parte del conocimiento más importante que utilizamos no es de este tipo, es decir, no basta simplemente con recordar la información, sino que tenemos que ser capaces de manejarla y este tipo de conocimiento se asemeja más al saxofón que al iPod.

 

Es importante señalar que, a pesar de que la mayor parte de nuestra forma de conocer y manejar la información se asemeja más al saxofón que al iPod, la mayoría de los colegios siguen un modelo educativo centrado en el “modelo iPod”. El problema es que esta forma de enseñanza-aprendizaje no funciona, olvidamos la mayor parte de los conocimientos adquiridos a lo largo de la etapa escolar y muchas veces los alumnos no son capaces de establecer conexiones y relacionar la información de diferentes materias.

 

En vez de este tipo de aprendizaje basado en la memorización de datos que serán olvidados, lo que necesitamos es un tipo de aprendizaje basado en el pensamiento. El pensamiento es lo que nos permite articular los conocimientos adquiridos y poder así tocar el instrumento del conocimiento, a través del pensamiento podemos establecer conexiones, predicciones y utilizar la información adquirida de manera creativa. Además, el aprendizaje basado en la utilización del pensamiento es mucho más efectivo que aquel basado en la memorización; los conocimientos que se afianzan y no se olvidan son aquellos que han sido trabajados y sobre los que se ha reflexionado previamente, no aquellos que se consumen en un “atracón” para vomitarlos al día siguiente en un examen.

 

John Dewey, filósofo, pedagogo y psicólogo estadounidense, aboga por la incorporación de los temas de estudio a la experiencia, quiere romper la dicotomía pensamiento-acción; afirma que el pensamiento no es un conglomerado de impresiones sensoriales, ni la fabricación de algo llamado “conciencia”, ni una manifestación del “Espíritu absoluto”; sino una función mediadora e instrumental que ha evolucionado para servir los intereses de la supervivencia y el bienestar humanos. Por lo tanto, el pensamiento es un instrumento que nos sirve para resolver los problemas de la experiencia y el conocimiento es la acumulación de sabiduría que genera la resolución de esos problemas. Con la ruptura de esa dicotomía, entendida como “natural”, evitamos que la educación sea cada vez más aburrida y académica, cada vez más alejada de los intereses reales de la vida. Los niños no llegan al aula como pizarras pasivas en las que los maestros puedan escribir, el niño ya es intensamente activo. La tarea del profesor consiste en tomar a su cargo esa actividad y orientarla.

 

Otros autores a remarcar son Piaget, epistemólogo, psicólogo y biólogo suizo; Paulo Freire, educador brasileño muy influyente en la teoría pedagógica del siglo XX; el proyecto de Filosofía para Niños de Matthew Lipman y Anne Sharp y el Aprendizaje Basado en el Pensamiento o TBL (Thinking Based Learning) del Doctor Robert Swartz.

Como podemos observar, existen diversos métodos y técnicas a través de los cuales podemos enseñar a los alumnos a pensar por sí mismos y a ser capaces de aplicar la teoría trabajada en situaciones de la vida cotidiana, estableciendo una conexión con sus propias vivencias.

 

En lo que a la enseñanza de lenguas se refiere, es importante destacar la importancia central que tiene hoy en día la gramática en el aula de lenguas. El resultado de esta situación es bien conocido: los alumnos poseen una sólida formación teórica que son incapaces de aplicar cuando la situación lo requiere. Sigue pues vigente la dicotomía pensamiento-acción que señalaba Dewey. El caso de los idiomas es especialmente remarcable, ya que se trata de un conocimiento eminentemente práctico que es transformado y convertido en un paquete teórico de difícil aplicación.

 

Con esto no quiero menospreciar la importancia de la gramática. De hecho es la espina dorsal de la lengua. Pero su enseñanza no debe ir en detrimento de otras competencias tanto o más importantes como son la comprensión lectora, auditiva y la capacidad de expresarse en esa lengua.

 

Por lo tanto, la única manera de romper la dicotomía pensamiento-acción y recuperar la esencia eminentemente práctica que ha de poseer un idioma esusándolo. Es decir, las clases de idiomas no han de entenderse como un “paquetes de instrucciones abstractas” y desconectadas de nuestra vida; sino como contextos en los que aplicar la lengua de una manera práctica. Desde Brown and Paris estamos comprometidos con esta forma de enseñar idiomas, porque la única manera de aprender es aprender haciendo o, como diría John Dewey, learning by doing.

Escrito por Andrea Sánchez profesora de inglés en B&P

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